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Vicente Serrano decidió titular su último ensayo con la palabra ‘Fraudebook’ (Plaza y Valdés). “No en el sentido jurídico, claro”, aclara en una entrevista a La Vanguardia.com. Para él, los usuarios de esta red social obtienen un servicio gratis y se sienten afortunados. Insiste en que no son conscientes de que ellos mismos son los empleados no remunerados deFacebook, la máquina capitalista perfecta de Mark Zuckerberg. Sus trabajadores no sólo no paran de producir, sino que además de no cobrar, pagan mediante la información que publican: su intimidad.

El escritor asegura que hay tres dimensiones en las que esta red no es lo que dice ser. “La primera es que se nos vende como un servicio gratuito y que amplía nuestra libertad. Sin duda, algo de eso hay, aunque esa gratuidad es muy cuestionable. El precio es la intimidad, los sentimientos, los afectos que los usuarios ceden a una empresa para que genere riqueza con ello. […] No todo el mundo es consciente de hasta qué punto es así”, explica Serrano.

La segunda de ellas es el concepto de “amistad”. El autor del libro asegura que en Facebook se produce una mezcla de intereses mercantiles, publicitarios, profesionales… “Legítimos, pero que tradicionalmente hemos sabido distinguir. Las relaciones desinteresadas no tienen tanto que ver con eso. Ahí aparecen todas agrupadas bajo ese término, que no es inocente.” Según el filósofo, el usuario tiene consciencia de que no es lo mismo un amigo de Facebook que un amigo en una relación no virtual, pero el concepto tradicional “se debilita” cuando esa palabra aparece constantemente en la red, sobre todo entre los usuarios más jóvenes, que dependen más de estas relaciones virtuales de las que no lo son.

La tercera y última hace referencia a la “biografía”. Facebook nos hace creer que es “una mera suma de acontecimientos, muchos de ellos intrascendentes”, cuando en realidad es “el fruto de toda una vida”, denuncia Serrano.

En ‘Fraudebook’ el profesor afirma que la red de Zuckerberg también ha transformado el concepto de intimidad. “El usuario va depositando momentos importantes en su vida o ideas que han marcado hitos en la trayectoria. Todo eso, de pronto, es la materia con la que se construye la mayor red de comunicación social que ha existido nunca. Nuestra vida afectiva, que es lo más intimo, lo más propio, está estructurada en un dispositivo. La intimidad se ha mercantilizado”, asevera.

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